martes, 1 de febrero de 2011

Vengeance


Valoración: 6/10

    Vengeance
    Venganza sin memoria


    Un espectador no iniciado en materia podría pensar que Vengeance es la enésima producción heredera de la escuela de John Woo. ¿En qué difieren exactamente los films de Johnnie To respecto del resto de películas chinas de acción? Pues básicamente en que, más que en la pirotecnia, To está interesado en capturar la violencia a través del estilismo. El propio realizador ha asegurado en numerosas ocasiones que nunca ha querido convertir esa violencia suya en poesía tal y como hace su colega Quentin Tarantino. Lo cierto es que hay una cierta épica en sus tiroteos, pero su clave está en las formas más que en el fondo.

    Así, Vengeance cuenta la historia de un cocinero francés de dudoso pasado obsesionado con acabar con los asesinos de su única familia. Da la impresión de que a Johnnie To y su colaborador habitual Wai Ka Fai les da un poco igual lo que están contando siempre que sirva para ejercitar su habitual estilo cinematográfico. Eso explica las continuas incongruencias de un argumento que es una mera excusa para enzarzarse en una ensalada de tiros tras otra. Mejor no darle demasiadas vueltas a la facilidad con la que los mercenarios dan con los responsables del asesinato en Macau o la rapidez con la que la bala alojada en el cerebro del protagonista comienza a debilitar su memoria. Las fotografías de los aliados, el nombre del objetivo grabado en la pistola… ¿De qué sirve la venganza cuando uno no puede recordar de dónde proviene?

    Las interpretaciones tampoco importan demasiado en una película en la que los personajes son asesinos de honor condenados a sonreír antes de caer en mitad del duelo. El emblemático cantante francés Johnny Hallyday queda perfectamente caricaturizado en un papel que en un principio estaba destinado nada más y nada menos que a Alain Delon. No importa que Hallyday sea incapaz de mover dos músculos de la cara al mismo tiempo porque al igual que pasaba con actores como Charlton Heston (otro intérprete de piedra) aquí lo que cuenta es la presencia y eso le sobra. El entrañable trío formado por Anthony Wong, Suet Lam y Lam Ka Tung, todos ellos habituales del director, también funciona y lo mismo puede decirse del arquetípico malvado interpretado por Simon Yam.

    To deja patente su maestría en el brutal prólogo -digno del mismísimo Sam Peckinpah- que abre la película y en toda esa galería de tiroteos que van desde la carrera al ralentí a la cambiante luz de luna a un espectáculo de feria con esencia de Wéstern en el que los protagonistas aguantan una lluvia de balas cercados por montones de basura comprimida. El plato fuerte del film son sin duda todos esos momentos en los que el tiempo se detiene y las leyes de la física y la lógica abandonan la pantalla. Las pistolas disparan cientos de descargas sin detenerse, las balas pasan rozando a los actores una y otra vez y todo se convierte en una hipnótica coreografía de percutores y gatillos. Lo cierto es que son tantas que pueden acabar cansando. Sobra mucho bullet time y faltan escenas como esa en la que el Costello cocina para sus sicarios o compite con ellos a ver quién es el más rápido montando el arma.

    Dejando a un lado su estilizada violencia, Vengeance es una película indudablemente mediocre a la que le falta profundidad y sobra metraje. Si alguien ha querido ver en ella un acercamiento al Polar francés no podía estar más equivocado porque lo cierto es que se emparienta más con Takeshi Kitano que con Jean-Pierre Melville. Se deja ver pero a nadie le temblará el pulso a la hora de decir que el nuevo trabajo de Johnnie To no está a la altura de las grandes obras del director como Exiled o Election. Más allá de la filosofía que invade la propuesta uno puede llegar incluso a cuestionarse si esta obsesión por el formalismo no esconde en realidad una alarmante falta de entretenimiento. El suyo es un cine made in Hong Kong mucho más académico de lo habitual pero también menos ocurrente. Quizás Hard Boiled fuera peor película que esta pero sin duda también era más divertida.
Keichi

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