miércoles, 2 de febrero de 2011

Pandorum

Valoración: 6/10

El espacio según Holywood

Salvo honrosas excepciones, el cine europeo de las últimas décadas no ha sido muy pródigo en lo que a ciencia-ficción se refiere. Eso no significa que no haya en el viejo continente directores interesados en el género, pero si conlleva que tiendan a emigrar al otro lado del Atlántico para poder hacer realidad sus proyectos. Evidentemente, este tránsito suele suponer ceder a la inocua espectacularidad de Holywood. Es el caso del alemán Christian Alvart, que después de la polémica Antikörper y una descafeinada Expediente 39 se desplaza al espacio con Pandorum de la mano de la industria norteamericana.

El inicio de la película plantea muchas incógnitas. Bower (Ben Foster) despierta de su prolongada hibernación en un entorno extraño, amnésico y completamente desorientado. Poco después se le une el Teniente Payton (Dennis Quaid). Los dos hombres irán atando cabos hasta descubrir que forman parte de la tripulación del Elysium, una futurista Arca de Noé destinada a colonizar Tanis, un lejano planeta en el que la raza humana busca empezar de nuevo. Por desgracia, algo ha salido mal durante la travesía. La nave se cae a pedazos y unas voraces criaturas la han invadido. Y sobre todo ello pesa la amenaza del Pandorum, un síndrome espacial que afecta a la delicada salud mental de los pasajeros.

Hay aquí dos historias diferentes y perfectamente discernibles. Una es un thriller psicológico sobre el aislamiento, la locura alojada en la psique del enfermo. La otra un videojuego de terror plagado de monstruos y peleas. La explicación es sencilla si reseñamos que al guión de esta película de encargo firmado por Travis Milloy se acopló otro que el propio Alvart estaba escribiendo. El problema irresoluble es que los mecanismos de uno y otro no son extrapolables y el resultado termina por convertirse en un pastiche de ideas que, lejos de aportar diversidad a la trama, le sienta como una patada en la cara. A pesar de este desorden, Alvart se las ingenia para rodar un tramo final verdaderamente frenético culminado en un desenlace sorprendente.

Lo cierto es que Pandorum se desenvuelve mejor en el plano del suspense que en el de la acción-terror. Siguiendo la moda imperante, las persecuciones y combates de la película se convierten en un vaivén epiléptico en el que la cámara se mueve sin orden ni concierto aparente. Aunque estupendamente recreada, la opresiva y claustrofóbica fotografía de Wedigo von Schultzendorff no es la adecuada para estos menesteres. Una mala elección, al igual que la inclusión de personajes secundarios (Antje Traue, Cam Gigandet) completamente prescindibles. En cuanto a los actores protagonistas, es Foster quien aguanta todo el peso de la historia con un notable trabajo mientras que Dennis Quaid se limita a quedarse quieto y aportar su nombre al cartel.

La película toma prestados numerosos elementos de otras predecesoras como Aliens, Sunshine, Pitch Black, Horizonte Final -su director ejerce aquí de productor- o The Descent, así como del survival horror Dead Space y la televisiva Battlestar Galactica. No es una queja: Los cimientos de la ciencia-ficción espacial forman parte de un imaginario demasiado arraigado en la mente del cinéfilo como para sorprendernos. A estas alturas nos hemos acostumbrados a los diseños de naves espaciales decadentes y a los alienígenas. Aunque producciones como la reciente Moon nos permitan albergar esperanzas al respecto, Pandorum evidencia lo difícil que resulta aportar algo nuevo al género. Ello no desmerece un buen trabajo artístico y de efectos especiales.

Dejando a un lado las comparaciones, aún atrapada entre las palomitas y el cine de autor, la película de Christian Alvart es innegablemente entretenida. Podría considerarse un trabajo fallido si se tiene en cuenta su potencial desperdiciado, pero no se puede negar que compensa sus irregularidades. No sobran ideas pero quizás Europa debiera recordar su propio pasado para imaginar el futuro, volver la vista hacia Lang, Kubrick o Tarkovski para darse cuenta de que una vez supo explorar el espacio a su manera.
 Keichi

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