martes, 1 de febrero de 2011

Madres & Hijas (Mother and Child)

Valoración: 8/10

    Mother and child
    Directa al corazón

    Teniendo en cuenta la cercanía y calidad de su cantera, solo era cuestión de tiempo que latinoamerica se infiltrara en la meca del cine hasta alcanzar posiciones impensables hace tan solo unas décadas. La camarilla de mejicanos formada por Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu hace tiempo que sobrepasó todas las expectativas y ahora allana el camino apadrinando a otros visionarios expatriados. Muchos de estos cineastas emigrados comenzaron primero en el mundo de las series de televisión antes de dar el salto a la gran pantalla pero no todos han seguido una evolución tan espectacular como la de Rodrigo García.

    El realizador colombiano vuelve con Mother and Child a su temática favorita, el drama coral protagonizado por mujeres que tan buen resultado le dio en Nueve vidas y Cosas que diría con solo mirarla. Al igual que Iñarritu, García es un experto en contar historias sobre vidas aisladas unidas por los caprichos del destino. En esta historia son tres las que presenta, todas ellas bajo el trasfondo de la maternidad a través de las generaciones y la multiculturalidad. Así, tenemos a una mujer madura que lamenta haber abandonado a su hija al tiempo que cuida de su madre enferma. También seguimos los pasos de la que se adivina como aquella niña perdida, hoy una abogada individualista y promiscua sin demasiados escrúpulos. Cierra el tríptico una joven pareja en busca de un bebé en adopción.

    No es que Rodrigo García sea un primerizo -ya había trabajado antes con grandes figuras como Glenn Close o Cameron Díaz- pero hay que tener cierto carácter para rodar con un grupo de intérpretes de la talla de los que aparecen en esta película. Resulta francamente complicado destacar a unos por encima de otros porque todos están espléndidos pero quizás sea Annette Bening la que se lleva la palma. ¡Qué bien refleja ese corazón de oro que se niega a salir a la luz! También brilla con luz propia Naomi Wats, una actriz de una calidad superlativa a la que muchas veces no se ha dado los papeles que merece. Con menos peso en la historia pero dando vida a roles ciertamente complejos tenemos a una fantástica Kerry Washington, un Samuel L. Jackson inusualmente cercano y al cómico Jimmy Smits. Podríamos seguir así hasta el último secundario porque son todas estas interpretaciones la que convierten el film en algo único.

    En Mother and Child hay drama en cantidades ingentes -también algo de humor- pero el director se las ingenia para que no nos sature. Los protagonistas no son siempre amables pero la veracidad de su construcción, con los defectos y virtudes que definen a todo ser humano, es maravillosamente entrañable. No hace falta que la película nos explique de manera clara sus reacciones, porque se entienden por si solas. Pocas películas penetran de manera tan sutil y poderosa como esta en los sentimientos del espectador y si lo hace es gracias al soberbio reparto pero también a la delicadeza del director, que invade con su cámara las diferentes historias sin hacerles sombra, lo mismo que la música de Ed Shearmur que por momentos recuerda a la del mejor John Barry. Es la propia vida, la de todos los días, con sus pequeñas miserias y alegrías, la que circula por esos soleados barrios de Los Ángeles que retrata la película.

    Siempre he considerado el drama como uno de los géneros más complicados de llevar a buen puerto. Resulta en extremo complicado mantener el equilibrio justo entre moderación y exceso y muchas veces el resultado termina siendo desigual. Hay multitud de films (pienso ahora mismo en el Blessed de Ana Kokinos) que a pesar de presentar historias mucho más sangrantes que estas no terminan de funcionar. En efecto, en un panorama copado por dramas artificiales el hijo de Gabriel García Márquez ha conseguido hacer una película que llega directa al corazón. De hecho, llega tanto que las carambolas del film para cerrar su círculo de forma perfecta ni siquiera chirrían. Pero por encima de todo éste drama subyace ese mensaje primordial y hermosísimo acerca de los vínculos entre las personas, la sangre que queda en segundo plano frente al poder de un amor que no entiende de razas ni de edades. Una película maravillosa. Esto es sensibilidad y lo demás son tonterías.
Keichi

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