viernes, 25 de febrero de 2011

Artemisia I de Halicarnaso, la gran olvidada

 Y se cuenta que Jerjes, ante lo que se indicaba, dijo: "los hombres se me han convertido en mujeres, y las mujeres en hombres. Esto dicen que dijo Jerjes" Heródoto VIII, 88

Nuestra usuaria Máire nos cuenta la historia de hombres contada por y para hombres, cometiendo una de las mayores injusticias…
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Recupero para la historia y para todos aquellos que tengan un mínimo interés en estos asuntos, lo que una historia de hombres contada por y para hombres, ha dejado relegado en el olvido, cometiendo una de las mayores injusticias de la historia.

Genio político y especialmente militar, esta reina de Halicarnaso, que llegó al trono ocupando la regencia de su hijo, demasiado pequeño para reinar, lo cual no hizo sino rebajarla aún más en las estrechas mentes de aquellos que debían escribir su historia. Hizo clamar al Rey de Persia, desde su trono construído en lo alto de la Acrópolis de Atenas especialmente para contemplar la batalla que lo convertiría en señor de Grecia, "los hombres se me han convertido en mujeres, y las mujeres en hombres".

La convirtieron en un elemento irrisorio de sus comedias, como en "Las Nubes" o en "Lisístrata", ambas del genio griego de la comedia Aristófanes, transformándola en la parodia de una mujer no mujer, masculinizada, dejando caer en el vacío la sospecha de tratarse de una tríbada (del griego tribeo, frotar) o lesbiana.

Se destacó en la batalla naval de Salamina, salvando los únicos barcos persas de la quema y total derrota causada por los griegos a la flota de Jerjes. En una brillante maniobra militar, alzó en sus barcos la bandera enemiga, de modo que se coló entre ellos, y causó el mayor número de bajas entre las filas atenienses. A pesar de que Jerjes confió a Mardonius el mando de las tropas que deberían quedarse para mantener en su poder las tierras conquistadas, fue a la reina Artemisia de Halicarso, a quien confió la custodia de sus hijos para devolverlos a su tierra, debido al inmenso valor demostrado en la batalla.

Reinó aún durante algunos años, destacados por su prosperidad económica y su bienestar social, que continuaron durante el reinado de su hijo, haciendo de Halicarnaso una tierra rica y estable (algo más que complejo en la Antigüedad Clásica).

Hasta ahí un resumen de su historia. En cuanto al mito, no es difícil hacerse a la idea de que la Historia con mayúscula, debía cambiar su papel para que concordase con esa ley de los hombres, con el afán de reducir a la mujer a su rol de matronas, especialmente en determinadas épocas. Una fuente del siglo XIX, que he encontrado en diversas enciclopedias generales, pero que nunca he podido localizar, afirma que esta reina se enamoró perdidamente de un hombre menor que ella, que posteriormente le fue infiel. "Enloquecida por los celos" primero arrancó los ojos de su amante y luego se dio muerte. Señores, por favor, la menopausia puede ser terrible, pero no hasta tal punto. Una inteligencia brillante como la de esta mujer no permitiría renunciar a la vida que amaba más que a cualquier mancebo. El mito continua siglos más tarde, con una pariente lejana, Artemisia II de Halicarnaso, espíritu fuerte como el de su antepasada, que construyó una de las Maravillas del Mundo "El Mausoleo de Halicarnaso", dedicado por amor a su esposo Mausolo, a quien incineró y, en un gesto teatral y magnífico, mezcló aquellas mismas cenizas con vino y las bebió, de tanto sentimiento que tenía. Y, sin embargo, llama la atención que esta gesta de tan piadoso amor, fuese recordada por encima de aquella otra de su antepasada que hizo llevarse las manos a la cabeza a un Rey.
Maire

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