miércoles, 2 de febrero de 2011

Triangle

Valoración: 8/10

Atrapados en la geometría

Los amantes del terror ya teníamos fichado a Christopher Smith desde la irreverente, divertida y sangrienta Severance, un film que aunque no era redondo si que nos descubría a un realizador muy prometedor. Cambiando de temática dentro del fantástico, el director británico regresa a la palestra tras varios años de ausencia y lo hace dando un salto de calidad indiscutible. No en vano, algunos entusiastas ya han señalado a Triangle como una de esas obras que, sin hacer casi ruido, están destinadas a convertirse en clásicos con el paso del tiempo.

En la vida de Jess no hay lugar para el descanso, ocupada entre el trabajo y el cuidado de su hijo autista. Cuando un amigo le propone hacer una excursión en velero en compañía de otra gente guapa, la sacrificada madre decide tomarse un respiro. Por desgracia, una inoportuna tormenta termina con la travesía, hasta que la embarcación naufragada es rescatada por un viejo trasatlántico aparentemente desierto. Dentro del barco fantasma una inexplicable sensación de memoria recuperada comienza a apoderarse de la protagonista.

Engaña -y mucho- la historia de Triangle cuando transforma su punto de partida en una historia de viajes temporales que convence gracias a un trabajadísimo guión. La trama que Smith ha ideado está medida al milímetro y deja caer sus piezas una encima de otra hasta formar esa figura que da título al film. O muchas otras, porque Triangle muta en una espiral retorcida hasta el infinito, un bucle dentro de otro bucle que pasa del terror al thriller, siempre psicológico. Se consigue así un ambiente cargado y desasosegante en su conjunto de destino inevitable. Al igual que el Origen de Nolan, los diferentes niveles de complejidad argumental exigen del espectador una cierta atención. Es de agradecer que la película nos tome por entes pensantes e incluso inteligentes.

Smith es un director acostumbrado a sacar lo mejor de sus actrices. Así, Melissa George es la irremplazable y casi única protagonista del film. Un fuerte aplauso para su sobresaliente interpretación de madre alborotada con atisbos de paranoia, dispuesta a todo para salvar a su hijo a todos los niveles. Habrá quien señale que el resto de personajes (Michael Dorman, Liam Hemsworth, Rachael Carpani) no están en absoluto desarrollados pero se entiende que era necesario relegarlos al papel de clones para carnaza que el argumento les asigna. También es destacable la fotografía a cielo abierto del film, contrastando con esos interiores sombríos con reminiscencias a El resplandor. El tratamiento de la imagen en Triangle es muy distinto a lo que nos tiene acostumbrado el cine fantástico.

En cuanto al rodaje, otro punto a favor. El montaje de una historia como esta es toda una proeza, con planos interesantísimos, muy planificados. Triangle se las ingenia también para introducir algunos elementos inéditos hasta la fecha en el cine de viajes temporales, como esa pila de cadáveres amontonados uno encima de otro, los relojes detenidos o el tocadiscos rallado de tanto girar, la permanencia de las acciones en la difusa línea temporal. Por todas partes hay detalles que nos dan pistas acerca de dónde está el verdadero final del viaje, una expiación en forma de condena a repetir lo mismo una y otra vez, incluso matarse a uno mismo. Las licencias que la película se toma no desmerecen para nada el resultado.

Solo una cosa le pesa a Triangle y le impide alcanzar esa quinta estrella y son sus referencias, esos constantes deja-vu con los que juega el argumento y de los que no se puede escapar, por mucho que cite a las Bermudas o al mito de Sísifo. Porque estas historias de paradojas temporales las hemos visto ya muchas veces en películas como Atrapado en el tiempo, Regreso al futuro, El efecto mariposa o Los cronocrímenes de Vigalondo, quizás su fuente de inspiración más evidente y dolorosa. Por lo demás, un trabajo muy bien planteado en un guión que hila fino y que se erige como una de las sorpresas más inesperadas de la temporada. No debería pasar inadvertida.
 Keichi

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