martes, 1 de febrero de 2011

Haciendo planes para Lena (Non ma fille, tu n'iras pas danser)

Valoración: 4/10

    Making plans for Lena
    Crónica de la infelicidad

    Hay películas que se mantienen en la memoria del espectador por ser una verdadera tomadura de pelo. Precisamente, el año pasado Christophe Honoré levantó una airada polémica en el Festival de Cine de San Sebastián con la artificialidad de La belle persone. Lejos de amilanarse ante las críticas, el realizador galo regresa a Donostia con un nuevo trabajo bajo el brazo. En esta ocasión el director de Les chansons d´amour o Dans Paris cambia la teatralidad de sus amores de instituto por un drama familiar a la francesa mucho más sobrio pero igualmente pretencioso en sus reflexiones. Veamos si ha conseguido superarse.

    Chiara Mastroianni da vida a Lena, una mujer que cuida de sus hijos tras separarse de su marido. Lo que prometía ser una agradable reunión familiar en la bucólica Bretaña pronto se convierte en una encerrona cuando Lena descubre que sus padres también han invitado a su ex pareja al encuentro. Desde su mismo comienzo, podría decirse que Making plans for Lena -Non ma fille, tu n'iras pas danser en el original francés- es una crónica de la infelicidad, un retrato exasperante de una mujer eternamente amargada, un ser inestable incapaz de amar a los demás y mucho menos a si misma al que le cuesta tanto trabajo hacerse cargo de sus hijos como de un pajarillo herido.

    El film de Honoré está dividido en dos partes. El tramo de Bretaña es sin duda el mejor de la película. El director sabe presentar a los personajes y hacernos comprender los especiales vínculos que les unen. El carácter contradictorio de Lena queda reflejado en las palabras hirientes que cada miembro de la familia deja caer constantemente pero que no empañan sus pequeños gestos de amor. Por desgracia, cuando la historia regresa a Paris y se centra exclusivamente en la protagonista, cambiando los paisajes naturales por unas habitaciones cerradas y grises, el ritmo se resiente irremediablemente. Entre una y otra parte Honoré tiene el descaro de colocarnos una alargadísima pieza de danza y folklore bretón so pretexto de retratar una leyenda tradicional cuya metáfora es insoportablemente presuntuosa. ¿Realmente era necesario usar éste recurso para darnos a entender que la protagonista destruye todo lo que quiere?

    La película apuesta por una dirección sobria que sabe hacer un buen uso de la fotografía y dejar que sean los actores los que conduzcan el relato. La hija de Marcello Mastroianni y Catherine Deneuve da todo un recital interpretativo recreando a un personaje desquiciante hasta la extenuación con su mirada nerviosa, su deambular indeciso y sus lágrimas. También resultan reseñables los trabajos de Marie-Christine Barrault y Fred Ulysse como el matrimonio de ancianos que no han renunciado al amor en el ocaso de sus vidas. Marina Fois y Jean-Marc Barr también convencen. El director aprovecha la coyuntura para colar en el reparto a su hermano (Julien Honoré) y su pareja (Alice Butaud), aunque tampoco se nota demasiado. Por descontado, Louis Garrel también tiene su momento de gloria, aunque sigue firmando un papel igual de frío que en sus anteriores trabajos junto a Honoré, una habitualidad que no encuentra justificación más allá de su apellido.

    Llegado el momento de hacer balance uno se encuentra con un buen planteamiento inicial y unas excelentes interpretaciones. Aunque para muchos pasará desapercibida, también hay detrás una buena banda sonora del compositor Alex Beaupain, acompañada en el final por un tema de Antony and the Johnsons al más puro estilo Isabel Coixet. En contra tenemos una película tremendamente difusa en sus planteamientos cuyo interés va de más a menos, empujado por unos personajes a los que no comprendemos y por sus pretensiones reflexivas sobre las responsabilidades de la mujer actual en una nueva burguesía francesa en la que los hijos heredan todo el mal de sus padres.

    Christophe Honoré deja claro que sigue siendo un listillo al que le gusta considerarse heredero de Truffaut o Louis Maille en sus intentos continuistas con las tesis de la Nouvelle Vague. En cierto modo Making plans for Lena es también una crónica del estancamiento del cine francés en una serie de temáticas demasiado explotadas -sin ir más lejos, Las horas del verano de Olivier Assayas o Conte de Noël de Arnaud Desplechin, también con Chiara Mastroianni como protagonista- y en las que más que el contenido prima la figura del “auteur”. En esta ocasión su pedantería se soporta por poco. Seguro que a los del Cahiers du Cinemá les encanta.
Keichi

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