Los restos de una
estación espacial soviética se precipitan sobre la tierra tras impactar con
ella unos meteoritos de origen desconocido. Estos fragmentos llegarán a los
cimientos de la ciudad de Nueva York, a los oscuros túneles del metro, donde
despertarán unas arañas que en ellos viajaban, unas criaturas que no tardarán
en mutar y alcanzar unas proporciones mayúsculas que aterrorizarán a la
población.
Tibor Takács, experto en
catástrofes (Tornado en NY) y criaturas de enormes dimensiones (Megasnake),
pero sobre todo en serie B de cuestionable calidad, es el responsable de esta
película de puro artificio sin genio alguno en el cuerpo. Al frente del reparto
tenemos a Patrick Muldoon, que parece ser que no tuvo suficientes bichos a su
alrededor en su participación en “Starship Troopers” que ahora habrá de
enfrentarse a una nueva legión de invasores de ocho patas y con una mala leche
acorde con su tamaño.
El film carece de un
argumento que genere (obviando los problemas de lógica y coherencias varias)
interés alguno, tensión, o empatía con el sufrimiento de sus protagonistas, un
guión muy pobre y un montaje poco inteligente anulan trasfondo y destrozan
ritmo narrativo. La película se alimenta de concatenar una escena tras otra de
lucimiento de las arácnidas criaturas, en un despilfarro de dudosos efectos
visuales digitales. Por ello “Spiders” parece más un espectáculo visual de
atracción de feria para disfrute exclusivo en 3D que un producto para amantes
del séptimo arte. A evitar.
Una fraternidad femenina,
una reunión a puerta cerrada de un grupo de universitarias dispuestas a
celebrar una buena fiesta con mucho alcohol y poca ropa de por medio. Una
maldición latente filtrada a través de una herencia de sangre amenaza a las
jóvenes, una descendiente de la asesina Lizzie Borden está entre ellas, y el
espíritu del pasado se materializará para una nueva carnicería hachazo a
hachazo.
Esta producción tiene
algo muy sorprendente y que llama poderosamente la atención, y es cómo ha
conseguido con su ínfima y catastrófica calidad a todos los niveles, llegar al
mercado, estanterías de videoclub físico o virtual, alucinante.
Las “actrices”
protagonistas no pueden ser más artificiales en sus “actuaciones”, no hay ni
una sola creíble ni creo que ninguna haya ni olido una escuela de arte
dramático ni de lejos ni recibido una clase de interpretación ni por
correspondencia . El guión es tremebundo,
una concatenación de escenas sin propósito ni trasfondo alguno para narrarnos
una historia sin pies ni cabeza, sin lógica ni coherencia, llena de agujeros,
gazapos y sinsentidos. Pero aún puede ser peor,
los aspectos técnicos tienen una calidad catastrófica (y no lo digo por
compararlas con las cutre películas de catástrofes de SyFy, que a esta le dan
mil vueltas), los escenarios se repiten hasta el aburrimiento (impagables las
escenas en que los personajes pasan por la misma habitación mil veces
pretendiendo que es diferente), el montaje es pésimo y ultra básico, los
efectos visuales brillan totalmente por su ausencia (las escenas de asesinatos
con cómicas al extremo por lo exageradamente falso tanto de las armas
utilizadas, como el maquillaje aplicado, lo que sumado a la performance de
verdugo y víctima invita a la carcajada ante el patetismo general)… Como veis, unos
ingredientes que, despropósito a despropósito, conforman un cocktail infumable que no puede llamarse cine, en el submundo del buen hacer y digno de proyectarse,
como mucho, en una alcantarilla.
Vemos la portada y
podemos pensar que realmente no es un film de terror, sino uno que busca el
erotismo, pero no, no os llevéis a engaño, que tampoco es el caso. Todo el
presupuesto en estética y silicona se lo lleva una de las protagonistas y está
recauchutada de una forma que también contribuirá a la carcajada y añade otro
punto al patetismo general. Eso sí, “La venganza de Lizzie Borden” lo tiene
todo para ser una película porno (de los 70), menos el porno, la ausencia de un
guión coherente, unas interpretaciones ridículas, una calidad técnica ínfima y
un estilo e imagen tan básico que hay que verlo para creerlo. Eso sí, para qué
engañarnos, un bodrio ideal para despellejar y destripar en un visionado entre
amigos, brindis y cachondeo. Terrible.
Nick tiene un extraño
don, o una maldición, consistente en poder visualizar la muerte de aquellos a
quien toca, si esta se producirá en un futuro de una forma violenta. Convive
con ello ocultando sus manos bajo guantes, y le hace blanco de bromas por parte
de sus amigos. Pero cuando llega su 23 cumpleaños, el misterioso origen de su
don comenzará a esclarecerse tras realizar una visita a su madre, ingresada en
una institución psiquiátrica, momento tras el cual descubrirá que su padre no
está tan muerto como pensaba y que su herencia no es tan sólo la maldición que
le acompaña, sino también una casa que esconde en su interior secretos aún más
insondables…
Victor Salva, el que
fuera director de obras tan conocidas como Powder o la saga Jeepers Creepers,
continúa con esta historia caminando por los senderos de lo sobrenatural, las
leyendas negras y las fuerzas más oscuras ocultas en lo más recóndito,
acechando desde los oscuros sótanos de las más apartadas zonas rurales. Como ya
consiguiera en las películas del espantapájaros asesino, borda el dominio del espacio
y la ambientación boscosa y apartada de las urbes, logrando generar una
particular claustrofobia en espacios abiertos.
Entre los (discretos)
intérpretes descubriremos diversos rostros conocidos de películas de segunda
fila y series de televisión, y sobre todos ellos, Tobin Bell, aquel que
encarnara al frío y calculador asesino tras los asesinatos de la saga Saw, que
en esta ocasión realiza un papel un tanto caricaturesco que roza un tanto lo
ridículo a tramos.
A su favor: Un guión que
gira sobre sí mismo lleno de sorpresas y misterios, que si bien tiene elementos
predecibles, con otros logra captar la atención perdida del espectador tomando
sendas inesperadas (no todas acertadas). Por encima de la media en un tipo de
cine donde parece que todo está visto y contado, no se queda en el mero slasher
de manual, va más allá bordando elementos de lo más dispar en la historia.
En su contra: Un elenco
de actores que deja frío y con cuya tragedia en ningún momento se empatiza. El
personaje de Tobin Bell da más risa que miedo, al igual que las criaturas del bosque,
que si bien pueden parecer un guiño a Jeepers Creepers, destrozan más de una
escena tanto por la estética como por más de una incoherencia en su modus
operandi además de protagonizar más de un gazapo de los muchos que tiene el
film.
En conclusión, una
película fallida pero agradable para pasar el tiempo, que entretiene a ratos,
sorprende a tramos, y pincha en otros muchos. Preferible su degustación entre
amigos para que el enfado por sus partes más flojas se torne en comentario y risa
compartida, se disfrutará más.
“Aquí y Ahora” (The
Spectacular Now) nos contará la historia de un adolescente (Miles Teller) con
una gran personalidad y popularidad, cómo y tras salir de una relación de mucho
tiempo e intensidad, trabará relación con una joven radicalmente distinta, discreta
y ajena a su mundo de fiestas y reuniones. Esta nueva unión cambiará el mundo
de ambos, en un mutuo reto de abrir los ojos a los problemas que les rodean en
su día a día, en su familia, y, sobre todo, en lo más profundo de sí mismos, un
viaje que les unirá para siempre o les destrozará en el proceso.
La película, inspirada en
la novela de Tim Tharp, va, afortunadamente, más allá de los clichés a los que
nos tienen acostumbrados tanto las películas como las series que tienen a
adolescentes y entornos estudiantiles como trasfondo. Se arriesga a analizar
personajes y situaciones no quedándose en los tópicos, buscar las motivaciones
de lo que les hace ser como son, sus verdaderos miedos, anhelos, verdades y
mentiras. Ahí reside el verdadero éxito de esta cinta y lo que hace de ella
algo especial, una veracidad por encima de la media que hace que el espectador
empatice con lo bueno y lo malo de los protagonistas y sus historias.
Destacable encuentro el
trabajo de su actriz protagonista, Shailene Woodley (Divergente) y agradable la
recuperación de Jennifer Jason Leigh (Mujer Blanca Soltera Busca) para la gran
pantalla en un papel con claroscuros como sólo ella sabe darle.
Pese a todos estos buenos
ingredientes, la película, a mi modo de ver, no termina de brillar, de
destacar, pese a las buenísimas críticas recibidas, pienso que está un tanto
sobrevalorada. ¿Está por encima de la media? Sí, pero no por ello es una gran
película. ¿Por qué? Porque la frescura que intenta aportarle a su parte más
cargada humor e ironía no lleva más allá de la sonrisa, y la parte más
dramática no llega a implicar del todo emocionalmente ni en lo dulce ni en lo
ácido. Con todo ello se queda en un film agradable de ver, inteligentemente
escrito realizado e interpretado, pero sin excesiva personalidad. Se esfuerzan su publicidad en compararla con un anterior trabajo de sus guionistas “500 days of
summer”, pero en calidad, originalidad, fondo y frescura, ni se aproxima.
Michelle aceptará un
trabajo recomendado por su consejero, una oportunidad laboral que la llevará a
una mansión alejada de todo. El sueño pronto se tornará pesadilla cuando entre
en contacto con los tres hermanos habitantes del caserón. Todos ellos,
perturbados y con psicópatas tendencias, se empeñarán en lavar su pecados, la
tortura será su método y el dolor el camino a la purificación allá donde nadie
puede escucharla gritar.
“Darkroom” arranca con
una premisa aparentemente interesante que resulta prometedora mientras se
intuye que podemos estar adentrándonos en un producto de terror psicológico
pero no tarda en caer en lo manido y mediocre. El argumento que parecía tener
su base pronto se dispersa en una concatenación de excusas para ligar escenas
de tortura y escapismo sin interés alguno. Todo ello lo hila mediante
flashbacks sin gracia alguna y discursos vacíos, que añadido a unas
interpretaciones en absoluto brillantes, hace decaer la calidad del film y
perder todo interés por parte del espectador indiferente ante lo mostrado en
pantalla.
Resulta incongruente
también el hecho de, ya que no se preocupa de trabajar su línea argumental
centrándose en el supuesto terror de las torturas, estas sean totalmente
veladas y no apueste por un gore o terror más visceral. De esta manera, ni
satisface a quien busca terror psicológico en la cinta ni quien se acerque a
ella esperando sangriento espectáculo. Decepcionante y vulgar, a evitar.