Siguiendo la estela argumental abierta por "La Sombra de Frankenstein", regresaremos al castillo donde todo sucedió, ya tildado de lugar maldito, un lugar que será el foco de la ira de los aldeanos que tratarán de destruirlo. Sin embargo, su afán de borrar el pasado tendrá un efecto inverso, despertando a la criatura dormida tras sus muros. Este hecho, sumado a la llegada de un descendiente del doctor Frankenstein y los planes que este urdirá, traerá de nuevo el horror...
Estamos ante un film que trata de estirar el éxito de sus predecesores, pero al que una factura un tanto descuidada hace perder enteros, no tanto de entrañable entretenimiento como de seriedad y solemnidad.
Uno de los factores que merma el disfrute es la pérdida de carisma de la criatura, tras cuya piel ya no se halla el icónico Boris Karloff (que la intervención en el reparto de otro de los titanes del horror de la época, Bela Lugosi, no logra mitigar), igualmente, un guión que contiene más de un error de continuidad con los films precedentes, provoca extrañeza, además de un cierto cambio de tono que resta atmósfera de terror para apostar por una esencia más ligada a la ciencia ficción.
Sin embargo, y pese a todas sus deficiencias, estamos ante una película disfrutable para los nostálgicos, un placer culpable de corta duración que no está a la altura de la saga, pero que resulta más que entretenida.









