martes, 8 de marzo de 2011

Princesa de las Tinieblas


Todo comenzó una lejana y oscura noche de frío invierno...Las gotas incesantes formadas por la lluvia caían como las lágrimas de una virgen y golpeaban el suelo del parque desolado en el que yo me encontraba sola, meditando qué sentido tenía ahora mi vida, después de que él me abandonara..Sólo conseguía sacar una respuesta a mi desgarrado corazón: ninguno.

No sentía esperanza por nada; la poca luz que brillaba en mis ojos se apagaba a medida que avanzaba el tiempo…y no me importaba, ya todo me daba igual…mi mundo se había quedado hecho trizas a causa de un “No” y ni yo misma tenía el coraje y la entereza para recomponerlo de sus cenizas.

Los caballos del tiovivo abandonado no dejaban de girar gracias a la fuerza que ejercía en ellos el viento. Ráfagas gélidas de aire aparecían cada vez en más cortos intervalos de tiempo, de la mano de la lluvia, que juntos golpeaban mi rostro y mi cuerpo y lo dejaban a su merced. Mis cabellos empapados se removían bruscamente en una serie de movimientos perfectos entre mi cara y la nada. Todo en mi se agitaba y abatía menos el dolor de mi alma, que no desaparecía con las embestidas de los elementos.

Decidí sentarme a los pies del carrusel infantil de aquel parque abandonado, al que solía ir con mis padres cuando aun la inocencia era la protagonista principal de mi personalidad. Recuerdo como me divertía subiendo y bajando gracias a aquellas criaturas “mágicas” que no tenían vida propia. Todo era colorido, alegría y un olor dulzón a algodón de azúcar….De todo aquello que había quedado vivo en mi memoria no quedaba un ápice en la triste realidad…Aquel parque, como yo, había sido abandonado a los elementos de la naturaleza sin remedio…
Ensimismada que estaba en mis pensamientos, y mientras lágrimas de impotencia, rabia y melancolía resbalaban por mis pálidas mejillas, no me fijé que a lo lejos, cerca de la entrada de rejas del parque, alguien se aproximaba a paso muy lento…En un principio llegue a pensar que se trataba de un simple efecto óptico...Pero cuando mis ojos se clavaron en aquel punto, pude deducir que se trataba de un chico, muy guapo a decir verdad, con una melena larga y lisa de color negro como el más puro ébano. Lucía una barba muy bien cuidada, y como vestuario tenía una ajada camiseta blanca y unos sencillos pantalones negros. Sus botas, a medida que se acercaba a donde yo permanecía inmóvil, pisaban con decisión la hierba, piedrecillas y hojas secas que formaban el suelo del abandonado parque. Cuando apenas unos metros de nada nos separaban al uno del otro, él levanto la cabeza y una ráfaga de aire sopló aún más fuerte y decidida que las anteriores. Sus ojos….sus ojos me enamoraron al instante. Unos grandes y alargados ojos marrones similares a los de un felino me recorrieron de arriba abajo, mientras hacia intentos vanos por huir de ellos…era imposible, algo en ellos había capturado mi alma y nada podría evitar que desviase mi mirada hacia otro lado… Era suya, y él lo sabía.

Sin conocerme de nada, me tendió la mano para que yo también le cediese la mía, cual dama y príncipe de un cuento de hadas. Tras segundos de vacilación, le tendí mi fría y temblorosa mano. En mi dedo aún portaba el anillo de compromiso con la flor de Lis grabada en el centro, aunque ya ni ese objeto tenía mayor importancia para mí. Él me cogió con suma delicadeza la mano y se la llevo a los labios. La besó tiernamente mientras sus ojos se clavaban en los míos. Una atracción extraña era la que tenía ese apuesto joven, y ese efecto aturdidor hacía más que un simple algo en mí. Prácticamente me tenía a sus pies y no quería luchar para que así no fuese. Una vez acabado este gesto, se incorporó y con voz queda me dijo:

- Buenas tardes, bella muchacha. Me llamo Ezequiel. He podido comprobar la desesperación que colma a tu bello corazón, y sólo he venido a ofrecerte una cura a tu “enfermedad”…

Lo mire extrañada… “enfermedad”, ¿es que acaso tendría algo en mi interior de la que aun no tenía yo ni el más mínimo conocimiento, y él sí que lo sabía? Lo miré desconfiada y una sonrisa astuta se dejó ver en su rostro.

-No tenéis más que la amarga enfermedad del desamor querida damisela. No os preocupéis, el remedio del que os hablo no consiste en ningún tipo de brujería ni de tratamiento médico. Simplemente es un paso...un trance que, si queréis, estoy dispuesto a que paséis agarrada de mi mano…Todo esto es elección vuestra. Si me decís que no, tal como he venido, me iré…

De mis cuerdas vocales no salían más que pequeños gemidos pero ninguno de ellos similar a palabras con sentido. Su aterciopelada voz me instaba a seguirla, a pasar por ese trance al que había hecho referencia sin saber si quiera por al peligro al que me podría enfrentar. No tenía nada que perder, y nadie me echaría en falta si me fugase con ese atractivo y misterioso desconocido de ojos como la miel… Acabé aceptando su proposición sin más, mientras notaba como la niebla nos envolvía espesándose en derredor…

Se movió sigiloso y se colocó a mi espalda…Mi cuerpo temblaba nervioso ante su presencia. Me abrazó y besó dulcemente en el hueco que había dejado el tirante de mi blanco vestido al caerse. Miles de sensaciones se agolpaban como locas en mi corazón y en mi estómago: miedo a lo desconocido, una excitación sin parangón, felicidad y atracción máxima…
...Sentía su dulce y gélido aliento mientras su boca se deslizaba lentamente por mi cuello, tanteando, buscando.......mientras mi corazón, desbocado por la excitación y el miedo, luchaba por salírseme del pecho...
Como una caída vertical desde lo más alto de un edificio, sentí el primer mordisco: era emocionante, arriesgado, oscuro, una inyección de adrenalina...algo deliciosamente peligroso…
Mi mundo empezó a oscurecerse. Las sombras, antes pequeñas y simples, cobraban vida ante mis ojos transformándose en criaturas grotescas y tenebrosas…lo que antes eran caballos sin vida en el carrusel de mi infancia, ahora eran míticas Pesadillas de lava que se despertaban en un mundo de sombras y oscuridad absoluta...

Los sonidos de la noche me envolvían y arrullaban con su tétrico canto
y entonces comprendí que había nacido de nuevo, pero esta vez como un ser distinto...
perteneciente al increíble mundo de las tinieblas...

- Nimue -

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