martes, 15 de marzo de 2011

El Sanatorio de la Atalaya


El Sanatorio de La Atalaya en Ciudad Real es un lugar misterioso; es el escenario de extraños sucesos y leyendas muy conocidas entre la gente de Ciudad Real. Apariciones de una dama fantasmal en una curva, un extraño psiquiátrico abandonado en una colina donde según los testigos suceden fenómenos extraños, apariciones de luces en el cielo y extrañas neblinas que envuelven el lugar algunas noches o la visión de una aurora boreal en el cielo del cerro de la Atalaya.

El inmueble fue un antiguo sanatorio de tuberculosos, posterior hospital psiquiátrico. Es un edificio tenebroso. Se construyó con la principal función de sanatorio para tuberculosos. Por ello, su situación en una colina, donde daba bastante el sol, y rodeado de árboles y bosques. Sin embargo, al poco de ponerse en funcionamiento el sanatorio, la tuberculosis comenzó a erradicarse, por lo que en cuestión de meses, el lugar cerró sus puertas.

Al tiempo, se abre como hospital psiquiátrico infantil, teniendo más pacientes. Se crea un campo de fútbol, piscina, columpios... Sin embargo, el edificio era demasiado grande para los pocos pacientes que albergaba. La segunda planta solía permanecer cerrada. Entonces, se habilitó también para adultos por 1980. Ya en aquel momento comenzó la "leyenda", pues aseguran que la gente que pasaba por allí, podía escuchar los gritos de los pacientes. Pero la negrura que siempre acompañó al edificio, hace que de nuevo tenga que ser cerrado. Algunos aseguran que fue debido a una mala situación del edificio, y otros que se debió a diversas desgracias en el interior. El caso es que quedó cerrado, y así ha permanecido. Según aseguran, las camas siguen en las habitaciones, y las salas acolchadas están intactas. El edificio tiene largos y angostos pasillos y las escaleras no tienen pasamanos. En las paredes, hay todo tipo de pintadas, las más macabras, raras y dignas de recordar son la de un niño, con la mano cortada y echando sangre a chorros por el corte, otra que dice: "Aquí se mata a las 2.30", otra "Muerto no te preocupes, tú tranquilo" o "El que entra aquí no sale".

Al lado del antiguo sanatorio hay una curva de la cual hay una leyenda de una joven, la dama de la Atalaya, una autostopista que alza el dedo en mitad de la noche, y pide al primero que pare, que la lleve a la ciudad. Al cabo de unos minutos, la joven dice al conductor: "Tenga cuidado, en esa curva me maté yo". Hay quien afirma que no se trata de una leyenda, que realmente suceden cosas así en nuestros caminos y carreteras. La explicación que muchos dan es que es la figura de una paciente del antiguo psiquiátrico infantil, que en una de sus crisis, se lanzó por la ventana.
-May-