viernes, 3 de diciembre de 2010

Cinco minutos de Gloria (Five Minutes of Heaven)

Valoración: 8/10


    Five minutes of heaven
    Sin perdón possible


    Cada vez que se estrena una nueva película sobre el conflicto de Irlanda del Norte es normal que al espectador veterano le invada una irrefrenable sensación de pereza. Son tantas y tantas las obras centradas en éste tema que a fecha de hoy la única opción para conseguir interesar al público es enfocarlo desde una perspectiva diferente, cosa casi imposible. Afortunadamente, eso es precisamente lo que ha conseguido el director alemán Olivier Hirschbiegel (El hundimiento) con una producción concebida inicialmente para la televisión británica pero que finalmente dará el salto a la gran pantalla con un éxito más que asegurado.

    En 1975, siendo apenas un adolescente, Alistair Little tiroteó al hermano mayor de Joe Griffen en representación de la Fuerza de voluntarios de Ulster. Convertidos en adultos, el asesino aún carga con la culpa mientras que el trauma ha marcado irremisiblemente a un Joe que a pesar de todo ha conseguido rehacer su vida. Treinta años después un programa de televisión pretende reunirlos para poner en común sus experiencias y sentimientos. Nadie espera que ambos se fundan en un abrazo, pero mucho menos lo que sucede a medida que avanza la película.

    Hirschbiegel y el guionista Guy Hibbert juegan con el espectador dividiendo su película en tres partes. Una primera nos narra el asesinato desde un punto de vista formal, casi reproduciendo en su estupenda fotografía esas escenas de archivo de las revueltas del Ulster que abren la película. De vuelta al presente la contención empieza a desmoronarse en los ataques de cólera del personaje de Joe frente a los monólogos de Alistair y el oportunismo morboso del reality show. Finalmente, la violencia termina por apoderarse de los dos personajes en su definitivo encuentro (más que encuentro, emboscada) en busca de una reconciliación imposible.

    En esta ocasión si que se puede decir que Sundance ha sabido premiar la independencia de la originalidad. También el montaje termina desatándose en esa estupenda escena de la pelea en la casa abandonada. Parece increíble que a estas alturas todavía se pueda dar una vuelta de tuerca a un tema tan trillado como el de Irlanda del Norte. Directores como Steve McQueen y su magnífica Hunger ya nos habían demostrado que era posible escapar a los tópicos estéticos del conflicto pero la película de Olivier Hirschbiegel va un paso más allá y trastoca por completo el discurso de la venganza, la reflexión y el perdón con una película rápida, concisa y contundente.

    Five minutes of heaven se sostiene gracias a dos interpretaciones dispares y sobresalientes. De un lado tenemos a un Liam Nelson extremadamente parco, contenido, muy profesional. De otro está un James Nesbitt completamente histriónico, hiperventilado y chillón. El actor británico ha sabido reconvertir sus geniales tics cómicos en toda una muestra de locura y confusión mental. Muchos pensarán que sobreactúa pero es un exceso necesario para contrarrestar la sobriedad de su compañero de reparto y lo cierto es que la mezcla funciona. Aunque pudiera parecer lo contrario, no hay aquí ningún tipo de duelo interpretativo ni dialéctico, solamente a puñetazos. La presencia de Anamaria Marinca (Cuatro meses, tres semanas y dos días) es circunstancial.

    El director alemán consigue cerrar de forma sorprendente una película completamente alejada de los tópicos que busca golpear al espectador progresivamente y sin descanso. En esta ocasión basta una llamada cortante y definitiva para dar el asunto por zanjado. Aunque pueda parecer lo contrario, entre tanta ironía hay una interesante lectura: En algunas circunstancias no hay perdón posible, solamente personas que tratan de seguir adelante con el odio y la culpa en sus corazones frente a una sociedad que insiste en cerrar viejas heridas cuando no es posible. Quizás también quiera decirnos que ya es hora de que el cine pase página y se olvide de éste tema para siempre.
Keichi

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