miércoles, 11 de abril de 2012

Evan (XII)

- CAPITULO 12 -

JANE

He perdido la cuenta de cuantas horas han transcurrido confinada en esta habitación. Tengo frío, tanto frío. Mi ropa huele a sangre. Rozo angustiada la cicatriz de mi garganta, las yemas de mis dedos se deslizan temerosas por la protuberante línea que recorre mi yugular. Me siento tan débil.

Percibo un golpeteo de pasos deteniéndose súbitamente al otro lado del robusto portón metálico. Contundentes aunque increíblemente elegantes. Me incorporo nerviosa, respirando agitadamente, me abrazo tratando de dominar el incontrolable temblor de mi cuerpo. Maldita sea, estoy tan asustada. Me resguardo en el rincón más alejado de la celda sin apartar la vista de la puerta, mis pupilas vuelven borrosas la sangre seca incrustada en ella. Me acaricio los nudillos, agrietados y enrojecidos. Después de golpearla hasta la saciedad, no me he llevado más que unos cuantos moratones y una laringe sin voz.

Un personaje sorprendentemente fuerte aparece portando una bandeja con comida y una Pepsi. Su mirada antinatural se clava en mi despiadadamente, gruñendo un –come- sin pizca de compasión. –Lady Briana te necesita recuperada- Me sonríe con maldad mostrándome unos colmillos larguísimos que me dejan sin respiración.

Las lágrimas afloran incesantes a mis ojos resbalando por mis mejillas, tibia mezcla de frustración, ira y por supuesto miedo. Que voy ha hacer. -Oh! Evan...- El amargo recuerdo de su despedida es una afilada daga clavada en lo más profundo de mi corazón.

Me acurruco hecha un ovillo en la sobria cama, único mobiliario de la lúgubre habitación. De blancas paredes sin baldosas, sin ventanas, sin nada. Tan solo el insistente zumbido de un fluorescente y el agotado eco de una gotera resbalando intermitentemente en una pequeña pica de gres. Improvisado reloj, cronometrando los imprecisos segundos que me arrastran hacia un destino fatal.
No sé si por las lágrimas, el dolor de mis heridas o el terrible sentimiento de pérdida que me oprime el pecho, pero el cansancio al fin me lleva a cerrar los ojos y recostarme.

El sonido de su voz me envuelve de tal manera que todo parece volverse real de nuevo, sus dulces susurros a mi receptivo oído, llenan mi cabeza y tocan mi corazón. Tan real que no lo siento un sueño. Suaves murmullos llenos de esperanza y fuerza, rebosantes de amor. Aportándome anhelada serenidad y diluyendo dulcemente mi angustia. Quizás no debería sentir nada de esto, pero su imaginaria presencia me proporciona la calidez y la calma que tanto añoro, que tanto necesito...como si no se hubiera ido nunca del todo. Aunque… lo percibo tan genuino… extraña conexión la de mi alma con la suya que me convence de la certeza de sus palabras. Encuéntrame Evan…

Rezo mi silenciosa plegaria una y otra vez, con el deseo que, de alguna mágica manera mi oración cruce las barreras de esta pesadilla hasta llegar a él.

Una nueva inesperada visita, irrumpe pasadas lo que deduzco son al menos un par de horas más. La rubia vampiresa me observa bloqueando grácilmente la única vía de escape de que dispone el habitáculo. De pie, retorciendo cual Lolita un dorado mechón de su melena, con sus larguísimas piernas cruzadas y sus caderas posadas con aparente ligereza en el marco de acero. A pesar de su etérea y delicada presencia, destila un halo de peligrosidad y perversión que alerta cada uno de mis sentidos hasta rozar el pánico.
Trago saliva y tenso las mandíbulas forzándome a no apartar la mirada de sus ojos de hielo, de un indefinible azul pálido.

-Bueno, bueno, querida, la espera está alcanzando su fin, para cuando Mr. salvemos a los humanos aparezca, tu no serás más que historia.- Sonríe con soberbia, y prosigue con su horripilante exposición.

-¡He dispuesto un desenlace tan emocionante que te va a encantar, ya lo verás! No sé que me excita mas, si que vea morir impotente a su cándida humana o que tengas el honor de contemplar como tu renegado vampiro me regala su último aliento por salvarte la vida.

- Sea como sea eres mía- sentencia tajante. -Tus ojos serán mis ojos mañana, así que hazme el favor de comer que quiero este cuerpecito tuyo con fuerzas para lo que se te avecina.

Su condena resbala insulsamente por mis oídos y tan solo persiste la palabra vampiro, repitiéndose en mi cerebro como un disco rallado. Cualquier aspiración de un final feliz, hecha añicos, otra vez. Evan, mi Evan es…
Me hormiguea todo el cuerpo de la cabeza a los pies y siento mi corazón cabalgando encabritado.

-Oh! No lo sabías? Ya ves que el amor no es perfecto cielo-. Se burla con sorna.

Me abalanzo airada contra el demonio insultándola a viva voz, pretenciosa ofensiva bloqueada con una sola de sus manos, aferrando mi dolorido cuello y alzándome del suelo. No puedo respirar.

-Ssshhhh, ese vocabulario… - Sonríe meneando la cabeza en señal de reprimenda. -Creo que deberías dormir un poco encanto, ssshhhh.-

Sin cabida a una protesta, me invade la oscuridad.



-Sikeray-

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