jueves, 23 de junio de 2011

Las Colinas de la Muerte


Las colinas de la muerte, más allá de donde se esconden los hombres, más allá de donde se esconde el sol para dejar paso a la luna, más allá de la vida, más allá del silencio de los campos santos. Lugar de escalofrío de penumbra y tristeza, de maldiciones y lamentos de oscuridad eterna.

Sombras que se deslizan entre la maleza, gritos de ira y de destreza llenan las colinas de la muerte de sangre que fue derramada en una batalla sangrienta.

Sus rocas olvidadas te miran y te acechan rostros de los olvidados que entre piedra y piedra esculpida observan, ellos caídos… ya muertos, gritan en pena, que fueron pasto del acero y dieron todo por su tierra.

El aire que se respira es muerte, sangre, dolor y caos, la agonía de estar derrotados bajo un poder mayor. Fueron guerreros que dieron hasta su último aliento, hombres con honor que lucharon cuerpo a cuerpo.

Lago rubí, rojo fuego…creado de la lucha más enfurecida, ahora es solo un dique seco, pocos restos quedan de aquel día oscuro en que la sangre tiño de rojo la luna y dio paso al mundo oscuro.

Las colinas de la muerte, tabú entre mortales que recordar no quieren, ya que su lugar es símbolo de horror, de misterio y leyenda que arde en temblor cuando el día duerme.

En ocasiones el aire acerca un sonido celestial, de alguna parte del este, es un hermoso y triste cantar, de alguien que un día prometió volver con vida de un siniestro lugar, llamado las colinas de la muerte.

Kurgan

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