miércoles, 26 de septiembre de 2012

Blancanieves (Pablo Berger)

Valoración: 8/10

Pablo Berger ("Torremolinos 73")  se lanza al vacío con un arriesgado y atípico film mudo y en blanco y negro que adapta a tierras andaluzas en los años 20 el cuento de los hermanos Grimm "Blancanieves".

A la sombra del éxito mundial de la producción francesa "The Artist" (que vio la luz mientras "Blancanieves" ya estaba en marcha) y llegando a los cines el mismo año en que desde EEUU lo hacían dos superproducciones adaptando el mismo relato, esta extraña joya del cine español se hace un hueco en las retinas, gusto y corazón de espectadores y crítica con una carácter más que propio y una hipnótica y cuidadísima puesta en escena en la que el virtuosismo visual rinde el arte a sus pies.

En esta adaptación, Blancanieves es Carmen, una niña que tras una infancia marcada por la tragedia sufrirá las vejaciones de su madrastra (interpretada por una Maribel Verdú en estado de gracia transformada en diva de las tinieblas) y que ya alcanzada la madurez (encarnada por una Macarena García que llena la pantalla)  buscará su propio camino acompañada de la conocida troupe de enanos, pero que en esta ocasión resultan ser toreros...

Si bien "The Artist" era efectiva homenajeando lejanos tiempos del cine mas mezclando antiguas y nuevas técnicas cinematográficas, "Blancanieves" se presenta más purista retomando el aspecto y puesta en escena más brillante del más artístico cine europeo de la época muda. Si bien las adaptaciones   realizadas en los mismos tiempos ("Mirror, Mirror" & "Blancanieves y la leyenda del Cazador") optan por la fábula y caminan en terreno fantástico, esta pisa con fuerza en un realismo, que si bien mágico, es cruelmente veraz.


Es con todo esta "Blancanieves" un tapiz empastado con maestría donde se hilan tanto unas interpretaciones magistrales (desde la llamativa madrastra hasta el último enano torero que acompaña a la protagonista) que despiertan desde el odio a la ternura, como un despliegue técnico donde vestuario, dirección artística y, sobre todo, una impresionante fotografía, que conduce al espectador a un plano de continua fascinación donde el cine se hace arte y la historia vehículo no sólo de entretenimiento sino ejercicio de poesía visual.

Si algo puede jugar en su contra es el uso (y puntual abuso) de factores como la tauromaquia o el flamenco, que pueden no ser del gusto de un amplio espectro de la audiencia y que pueden lastrar alguna de las escenas, mas Pablo Berger ha sabido, con su forma de plasmarlas, sobreponer el fondo a la forma, esquivar polémicas y heridas sensibilidades y hacer de su relato algo universal y sensitivo más que rendido a lo obvio de lo mostrado. Prueba de ello es el éxito cosechado durante su presentación en la 60 edición del Festival de Cine de San Sebastián, donde se enfrentaba a un público no a priori amante de esos ingredientes pero al que aún con ellos supo y pudo conquistar.

Una joya extraña digna de ser visitada y disfrutada con la mente, y sobre todo, los sentidos, abiertos. Interesante.

-Enoch-

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