TÃtulo original: The Sorcerers
Año: 1967
Duración: 87 min.
PaÃs: Reino Unido
Dirección: Michael Reeves
Guion: Michael Reeves, Tom Baker. Idea: John Burke
Música: Paul Ferris
FotografÃa: Stanley A. Long
Reparto: Boris Karloff, Elizabeth Ercy, Ian Ogilvy, Victor Henry, Sally Sheridan, Alf Joint, Meier Tzelniker, Gerald Campion, Susan George, Ivor Dean, Peter Fraser, Martin Terry, Bill Barnsley, Maureen Booth, Catherine Lacey
Productora: Curtwel Productions, Global, Tigon British Film Productions
Un matrimonio de ancianos cientÃficos buscan probar sus investigaciones de control mental mediante hipnosis. Para ello logran la complicidad de un joven que se somete, ignorante, a sus experimentos. A partir de ese momento, ambos podrán controlar su mente a distancia con muy dispares intenciones en busca de nuevas y radicales experiencias...
Michael Reeves dirige esta discreta pelÃcula que busca adentrarse con su propuesta en los misterios de la mente, en lo desconocido de la misma y cómo un agente externo puede dominarla y arrastrarla al caos absoluto...
Uno de los principales atractivos del film es tener al frente de su reparto al incombustible Boris Karloff tras el papel del cientÃfico protagonista. Un rol de interés pero que aquà no reviste la suficiente fuerza para resultar trascendente ni memorable.
El film resulta escaso de medios y resultados, con una demasiado discreta apuesta visual para llevar a la pantalla una historia de estas caracterÃsticas. Igualmente pobre se siente su desarrollo argumental, que avanza repitiendo el mismo esquema, y sirviéndose de giros de cuestionable verosimilitud no logrando despertar con ello ni el interés ni la inquietud necesaria para brillar en una pelÃcula de este estilo. Esto se lastra aún más por la inclusión de escenas innecesariamente alargadas (las actuaciones en el club, la sesión de hipnosis...etc) que nada aportan ni a la trama ni a sus personajes.
En conclusión, estamos ante un film con una atractiva historia de fondo llena de posibilidades pero que, lamentablemente, no sabe llevarse a buen puerto. Una lástima.
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